Bahía Utópica: El Paraíso del Arte

noticiaDesde afuera, es una sencilla casa patrimonial del cerro Alegre, en Valparaíso. Adentro, una de las galerías de arte más variada de la Ciudad-Puerto. Una explosión de colores y de estilos mezclados, que siempre estremece al visitante cuando pasa la puerta por primera vez. Bienvenido a Bahía Utópica, la tienda de Bertrand Coustou y Nancy Arancibia.

Su galería está más que llena de cuadros de todo estilo, esculturas de madera y objetos de artesanía local. Esa abundancia de colores le da un toque informal y cálido, un poco caótico, lo que representa bien, según dice Bertrand, el espíritu porteño. Además de los amateurs de arte, pasan por aquí turistas, vecinos, amigos, dándole vida al lugar. “Quisimos diferenciarnos de esas galerías donde todo está muy ordenado y minimalista, con una señorita sentada que lee esperando a los visitantes”, dice Bertrand mientras cambia la música para poner “algo para conversar”.

Todo empezó por casualidad. En busca de aire fresco después de vivir varios años en París, el francés de 40 años llegó a Valparaíso en el 2005, sin tener muy claro lo que iba a encontrar ni lo que iba a hacer. Se enamoró de la Ciudad-Puerto, y decidió quedarse. A través de varios proyectos en el ámbito cultural en que estuvo involucrado, tuvo la oportunidad de conocer a muchos artistas y actores culturales chilenos. Y llegó a una conclusión: “El arte en Valparaíso tenía mala fama, y su difusión estaba muy desorganizada. Los artistas tenían poca visibilidad, en muchos casos había que ir a su taller para ver su trabajo.”

De ahí partió la idea de Bahía Utópica, hace unos tres años: reunir en un mismo lugar lo mejor de los artistas de la Ciudad-Puerto y de la Quinta Región y promover sus obras. “Al principio, todos me decían que era imposible, que a nadie le interesaría, que no sería rentable.” Pero poco a poco, “Beltrán”, como le dicen acá, logró crear una relación de confianza con los artistas locales. Junto con Nancy Arancibia, con quien comparte su vida, empezó a dedicarse a organizar exposiciones para ellos, tanto en Valparaíso y Viña del Mar como en Santiago.

Hoy, la pareja se enorgullece de trabajar con los mejores artistas que viven en la región, tal como el Chileno Gonzalo Ilabaca, el Francés Loró Coirón o el Argentino Beto Martínez. Todos los nombres que sobresalen en el arte regional están acá. Y es común ver uno de ellos entrar a saludar a Beltrán. “Me siento más un mecenas que vendedor. En mi galería, expongo solamente artistas que me gustan y con quienes siento afinidades”, cuenta el Francés. El trabajo de Bertrand y Nancy se beneficia hoy en día de un reconocimiento local, que les permite exponer a sus artistas en centros culturales y hoteles de lujo. El admite que sus facilidades para hablar y el simple hecho de ser francés le abrieron muchas puertas.

Bertrand es un self-made man. Nunca estudió arte, pero siempre le interesó. Recorrió muchos museos y exposiciones en Europa, y una vez en Chile, se dio la tarea (y el gusto) de aprender la historia de la pintura criolla. A diferencia de muchos galeristas, no pide dinero a los artistas para exponerlos en su galería, solamente toma una comisión sobre la venta. Así puede libremente elegir lo que le gusta. “Muchas veces entra gente en la galería que quieren exponer acá. Pero ya tenemos muchas cosas, y eso nos permite ser exigentes respecto a la calidad de las obras que mostramos”.

A Bertrand le gusta la audacia y la innovación en el arte. Hoy, busca formas originales o inéditas. Su galería alberga hasta el 23 de mayo una exposición de Eduardo Mena, quien explora la pintura sobre piedras. Tal como lo explica en su blog, “en estas piedras el pintor respeta la volumetría del soporte para aprovechar los cortes, ángulos y formaciones naturales de la roca y, a partir de ellos, descubrir las figuras que se ocultan en la piedra”.

“Esto va a dar de que hablar”, pronostica Bertrand, mientras la “música para conversar” llega a su fin. Unos visitantes tienen algunas preguntas. Tiempo para él de dejarnos mirando las obras y de atender a los clientes con su acento francés-chileno (aprendió castellano en Valparaíso), en su utopía hecha realidad: un lugar acogedor y de calidad para el arte porteño.

Fuente: El Martutino.cl