BUSCANDO LA LEYENDA DE EMILE DUBOIS

Pintura de Edwin RojasArtistas porteños salen en busca de la leyenda de Emile Dubois

Colectiva de pinturas, esculturas, grabados, fotografías

y textos inspirados en el “santo asesino”.

EXPOSICIÓN DESDE NOVIEMBRE A DICIEMBRE 2013

                Durante décadas, la figura de Emile Dubois, el “santo asesino”, ha inspirado a artistas, historiadores, investigadores y ciudadanos de Valparaíso y el mundo, cautivados por el misterioso influjo de este personaje.

La leyenda de “Emilio”, como le llaman quienes visitan su tumba en el Cementerio N° 3 de Playa Ancha, abarca diversos aspectos de su vida: desde su llegada al Puerto como un enigmático inmigrante francés, hasta los alevosos crímenes que cometió,  pasando por  su supuesta lucha contra los usureros que exprimían a los porteños, su brutal fusilamiento y los milagros y favores que se le atribuyen a su espíritu, gracias a los cuales se ha erigido un verdadero culto en su memoria.

Cualquiera sea la perspectiva, el mito del “santo asesino” sigue viva en Valparaíso y continúa inspirando a almas inquietas, como las de estos veinte artistas convocados a participar en la muestra colectiva “Buscando la leyenda: Emile Dubois”, organizada por la galería de arte Bahía Utópica, del cerro Alegre.

Pintores, escultores, grabadores, fotógrafos y poetas fueron invitados a crear obras inspiradas en la leyenda de Emile Dubois. Durante meses, trabajaron en forma individual, en la soledad de sus talleres o recorriendo los espacios que habitó  “Emilio”. Algunos visitaron su tumba, otros dejaron volar su imaginación en busca de los dobleces de la leyenda.

El resultado es una exposición multidisciplinaria, unida por la sombra sugerente de Emile Dubois, que podrá ser visitada desde el sábado 23 de noviembre al 16 de diciembre, en la galería de arte Bahía Utópica (Almirante Montt 372, cerro Alegre, Valparaíso).

En la muestra, participan los artistas plásticos Edwin Rojas, Eduardo Mena, Sergio Ayala, Álvaro Miranda, Chan Chan, Cristian Castillo, Giancarlo Bertini, Gonzalo Etcheto, Jean-Yves Decottignies, Jorge Velásquez, Juan Pablo Neira, Lobsang Durney, Loro Coirón, Mario Saavedra, Mauricio Ojeda, Mauro Basáez, Pilar Montero, Roberto Acosta, Olivier Balez, Susana Riveros,Pablo Villegas, Iván Cabezón y Rodrigo Gómez-Rovira, así como los escritores Luis Riffo, Marcelo Arancibia y Marco Herrera.

Para mayor información comunicarse al correo bahiautopica@gmail.com o a los teléfonos 89034039 // 032 2734296. Se agradece su difusión.

El “santo asesino”

La personalidad de Emile Dubois ha estado permanentemente cercada por el mito y el imaginario colectivo. Su verdadero nombre era Louis Amadeo Brihier Lacroix, pero al llegar a Valparaíso, a fines de 1903, adopta diversos alias: Emilio Morales, Emile Murraley y Emile Dubois, el más célebre de todos y con el cual pasó a la historia.

Al desembarcar en Valparaíso, procedente de Perú, quedó maravillado con la ciudad, que vivía su época de esplendor a comienzos de siglo XX. Decide instalarse aquí y continuar con su peculiar estilo de vida, que consistía en acercarse a personas de la alta sociedad, para sacarles dinero y mantener su estilo de buena vida. Cuando sus astucias para embaucar a los ricos se acaban, Dubois urde un nuevo plan, que consiste en acechar y matar a sus víctimas, para quedarse con el botín.

Entre 1905 y 1906, comete una serie de crímenes, impulsado también por cierto rencor en contra de quienes, desde una buena posición social, le habían negado la ayuda o lo habían maltratado. Como todas sus víctimas son empresarios y comerciantes, pronto se urde la leyenda de que se trataba de una especie de justiciero, que castigaba de esta forma a los usureros de la ciudad.

Inteligente y agudo, elegía con cuidado a sus víctimas, las seguía y, luego de muertas, asistía a sus funerales y hasta colaboraba con la policía. Pero un golpe de mala suerte hace que sea capturado en una plaza del sector Bellavista, donde es reconocido por una de sus víctimas que sobrevivió a su ataque.

En total, se le acusó de haber matado  a cuatro comerciantes extranjeros, por lo que es considerado el primer asesino en serie del país. Verdaderas multitudes contemplan su paso cada vez que es conducido a los tribunales, donde Dubois desafía abiertamente a la justicia. Para el terremoto de 1906 en la cárcel porteña, que queda casi destruida, pero no logra huir. Condenado a muerte por sus crímenes, asume su propia defensa e intenta infructuosamente revocar la drástica condena. Incluso solicitó el indulto al Presidente Pedro Montt, quien lo negó señalando: “Este francés se muere en Chile”.

En la víspera de su ejecución, se casa con Úrsula Morales. Al amanecer del 27 de marzo de 1907, un pelotón de sesenta guardias con cascos prusianos vigila la cárcel porteña, donde medio Valparaíso ha puesto sus ojos. Adentro del recinto, cien invitados esperan la ejecución y otros tantos observan desde los techos aledaños.

Dubois rechaza que le venden los ojos: quiere mirar a la muerte de frente. Fuma uno de sus cigarros marca Yolanda y, en sus últimas palabras, declara su inocencia y pide consideración para con su hijo y su mujer. Sus últimas palabras van dirigidas al pelotón: “Apunten bien al corazón, ¡ejecutad!”. Cuatro disparos dan en el blanco. Así termina la vida de Emile Dubois y comienza la leyenda.